Reproducimos un artículo de la revista TEMAS porque entendemos que es un calco de lo que está pasando en las Cajas de Ahorros y nos invita reflexión de lo que podemos perder y desde luego por lo que tenemos que luchar todos, absolutamente todos, sin tregua ni demora.
Cuando a un visitante de otro país se le explica como operan y qué papel cumplen las Cajas de Ahorros españolas, en su rostro puede leerse una expresión en la que se mezcla la sorpresa y la sana envidia. En muchos aspectos, las Cajas de Ahorros son instituciones ejemplares, tanto por la empatía y proximidad que tienen con sus clientes como por su funcionalidad y sus resultados económicos y sociales. Las Cajas, desde hace años, han sido capaces de llegar allí donde otros no llegaban. Sus clientes forman parte de todas las capas de la sociedad y tiene un grado de confianza en sus Cajas que no es fácil encontrar en otras instituciones económicas. Para la gran mayoría de ellos, las Cajas son “sus Cajas”.
Instituciones sociales eficaces.-
La funcionalidad de las Cajas españolas es motivo de admiración en el mundo, en la medida en que no son de nadie en particular y son de todos. En su gobierno participan los clientes (depositarios), las entidades locales y regionales (Ayuntamientos y Comunidades Autónomas), las organizaciones sociales, las entidades sindicales y empresariales y los propios empleados, en un ejemplo de democracia económica que ha funcionado bastante bien. Y cuando no han funcionado bien, o cuando se han generado algunos desacuerdos que se han proyectado públicamente, ha sido precisamente porque desde alguna instancia concreta se ha intentado alterar los equilibrios internos y se ha pugnado por obtener un poder privativo excesivo, que ha dado lugar a lógicas reacciones de desacuerdo. Pero, incluso en estos casos, las Cajas afectadas no han dejado de funcionar eficientemente en sus dimensiones económicas y sociales. Es decir, los que no han sido eficaces y no han procedido de manera correcta en estos casos han sido algunos políticos ambiciosos y no las Cajas como tales.
Además, las Cajas tienen la virtud de que al ser entidades sin titulares de propiedad, no reparten beneficios privados, sino que sus beneficios van destinados a obras e iniciativas de interés social y cultural. De esta manera, la “Obra Social” de las Cajas y las Fundaciones a ellas conectadas han venido realizando múltiples actividades de atención a colectivos necesitados o excluidos (discapacitados, ancianos, huérfanos, etc.,) y de promoción directa de obras sociales, residencias, colegios, etc., así como de actividades culturales de todo tipo.
En muchos casos, la proximidad de las Cajas a territorios concretos ha permitido brindar apoyos financieros a iniciativas locales y regionales de fomento y de interés económico estratégico que no hubieran tenido el debido encaje y soporte por parte de otras instancias políticas y financieras. Lo cual supone que las Cajas han tenido - y tienen – una función primordial de cara a propiciar las mejores condiciones de cohesión social, tanto a nivel personal como interterritorial.
Y, junto a todo esto, las Cajas también han destacado por su capacidad para desarrollar eficientemente su trabajo como entidades fiables de crédito y ahorro, hasta el punto de haber llegado a representar prácticamente la mitad del sistema financiero español.
Un doble rasero.-
Ante estas realidades incuestionables, resulta sorprendente el clima de hostilidad y de codicia que se ha despertado en torno a las Cajas, al socaire de la actual coyuntura de crisis económica, en una forma que en el fondo es evidente pocos claras.
Lo curioso es la dualidad de planteamientos con los que a veces se opera. Frente a los problemas de los Bancos españoles, que tienen fines explícitos de beneficio privado, el discurso de algunos es de apoyo y atención prístina, en el buen entendido de que si se ponen en riesgo los pilares del sistema financiero todo el sistema puede acabar entrando en serios riesgos. Sin embargo, ante las Cajas los discursos y los comportamientos son de signo completamente diferente. A los Bancos privados se les apoya y se les aplaude. A las Cajas, en cambio, parece que algunos piensan que lo que hay que hacer es poner dificultades e intentar deslegitimarlas ante la opinión pública, al tiempo que se idean “soluciones” para ellas que en el fondo y en la forma podrían situarlas ante funciones y papeles que están en las antípodas de lo que actualmente hacen y significan.
El colmo del despropósito se produce cuando algunas autoridades monetarias proclaman solemnemente que “sobran” (¿?) 15 ó 20 Cajas y que son ineludibles más fusiones, ya que con tantas Cajas su funcionalidad no es la óptima. Desde luego, es difícil saber de dónde proceden tales cálculos tan “exactos”, ni desde qué lógica se puede sostener que las “fusiones”, como tales y en sí mismas, son una apuesta necesaria y una garantía de mejor funcionalidad. Más allá de la pertinencia y/o necesidad de algunas fusiones concretas, con el criterio de fusiones a tutiplén se pretende reconvertir las actuales Cajas en una especie de Bancos Regionales, como simples instrumentos de las políticas de los Gobiernos Regionales, al tiempo que en otros casos lo que se tiene en mente son dinámicas de simplificación, de cierre de oficinas y de despido de empleados, facilitando que se pueda operar con menos costes fijos y, por lo tanto, con expectativas de mayores beneficios. Lo cual permitiría explorar perspectivas muy golosas de privatización.
Pero bien sea por la vía de la instrumentalización política directa, bien por el camino de la “eficiencia” privatizable, desde ninguno de estos enfoques se entiende lo que realmente son las Cajas de Ahorros y sus virtudes.
Propósitos privatizadores.-
Posiblemente con menos empleados, menos oficinas abiertas y peores servicios a los clientes, las Cajas –o como se pueda llamar lo que quede de ellas- serían entidades mas “eficientes” (de un tipo específico de “eficiencia), pero por esa vía se perderían miles de puestos de trabajo y múltiples iniciativas y prestaciones de carácter social, asistencial y cultural. Quizás esas pérdidas no les importen mucho a los que piensan que por esa vía se puede abrir un camino de privatizaciones altamente lucrativo. El problema, desde luego, es todo lo que perdería la sociedad española con interesado envite.
¿Se entienden o no se entienden, pues algunos comportamientos raros y la aplicación de bastantes dobles raseros a la hora de tratar a las Cajas de Ahorros? Algunos, desde luego, lo entienden bastante bien, mientras entre la opinión pública, entre los usuarios de las Cajas y entre muchos de sus empleados cunde la perplejidad y la preocupación. Lo que muchas personas no pueden entender son determinadas condescendencias y no pocos silencios ante el proyecto de “economicidio” que se está perpetrando. Todo ello al servicio de intereses y ambiciones tan descaradas como negativas para el interés general.
¿Cómo va a reaccionar la opinión pública ante tales intentos de “economicidio”? ¿Tienen posibilidades de salirse con la suya los enemigos de las Cajas y los que quieren quedarse con el botín? ¿Cómo van a proceder los líderes honrados de los principales partidos políticos españoles? ¿Cómo es posible que algunos no se estén enterando –o no se quieren enterar- de lo que puede pasar con las Cajas si no se pone coto a ciertos procederes dislocadores y desproporcionados? ¿Por qué se deja, no pocas veces, “pista libre” a los que no hacen sino poner una dificultad tras otra a determinadas Cajas, al tiempo que se propician fusiones innecesarias y, en ocasiones, paralizantes, que no hacen sino poner las bases para que se acabe cumpliendo la profecía autosuicida y pseudo eficaz que ellos mismos propalan?
En fin, si los cazadores de botines fáciles se salen con la suya, en muchos países y universidades serias se acabarán escribiendo libros y haciendo tesis doctorales y análisis eruditos, en los que se intentará explicar por qué no se atajó a tiempo tamaño intento de “economicidio”. Y, desde luego, no será porque algunos no lleven tiempo advirtiéndolo.
José Félix Tezanos
Director de la revista TEMAS.
Feb 2010-02-24